El Puntal

Por todos es sabido que el cultivo del arroz es uno de los cultivos de regadío más característicos y de mayor tradición del Parque Natural de la Albufera. De hecho, el más importante para la agricultura de la zona. Sueca, por ejemplo, ostenta con orgullo el título de “Ciudad Arrocera de España”. Pero hoy vamos a rescatar una parte de la reciente historia del cultivo de arroz en nuestro país, para ello viajaremos a tierras andaluzas hasta llegar a El Puntal.

El Puntal

“El Puntal” es el nombre que se ha utilizado desde el origen para referirse a Villafranco del Guadalquivir, en la actualidad Isla Mayor, un pueblo de la provincia de Sevilla, situado a 42 km de la capital. En la década de los 40, 50 y 60, el Puntal fue el mayor punto de concentración de emigrantes valencianos en Andalucía. La principal motivación, convertir las marismas del Guadalquivir en arrozales viables para el cultivo de arroz.

A principios de los años 40, el director de l’Estació Arrossera de Sueca, don Álvaro de Ansorena, ofrece a un grupo de agricultores suecanos la posibilidad de trabajar unas tierras poco fructíferas pero con muchas posibilidades allá en Andalucía. La ilusión de un futuro más próspero en estos años tan duros de postguerra, movilizan a las tres primeras familias valencianas hacia tierras del sud de España. Pero no solo fueron agricultores valencianos hasta estas tierras, sino también catalanes, gallegos, portugueses, canarios, extremeños y por supuesto andaluces de provincias vecinas, lo que generó el nacimiento de un pueblo constituido por personas de culturas diferentes.

El puntal

No era la primera vez que se intentaba producir en esas tierras. Las primeras iniciativas de producción arrocera en El Puntal datan de la monarquía de Alfonso XIII y de la II República, cuando algunos latifundistas se preocuparon por conseguir producción agrícola de dichas extensiones, aunque dadas las condiciones de salobridad de la tierra, lo único que se podía cultivar allí era arroz. Se invirtió en grandes infraestructuras y maquinarias de la época para intentar que aquellas tierras fueran productivas. La poca producción de arroz que se conseguía estaba controlada por compañías internacionales. Pese a la inversión, seguía habiendo muchas pérdidas ya que no se controlaba el nivel de sal en la tierra y con la llegada de la Guerra Civil el proyecto se fue dejando y los pocos avances conseguidos se diluyeron de nuevo en la fangosidad y sal de las marismas del Guadalquivir.

Jornaleras El Puntal

Jornaleros y jornaleras en El Puntal

El panorama que se encontraron los nuevos “colonos” (muchos de ellos valencianos) no tenía nada que ver con lo que se imaginaban: las casas no eran casas sino barracas, no había agua corriente, ni luz, ni sistemas de alcantarillado. Por no hablar de los mosquitos y de los brotes de paludismo. Estas familias, muchas de ellas marcadas por la guerra, trabajaron muy duro para poder salir adelante, volvió el trueque y como no el contrabando, entonces el arroz servía como moneda de cambio para comprar tela, chorizo, azúcar, huevos, etc.

Don Rafael Beca Mateos, era una de las principales figuras que veló por la prosperidad de El Puntal, al más puro estilo del cacique sevillano fue prosperando y consiguió muchos avances para el poblado: rehabilitar las tierras abandonadas, organizar al personal de jornaleros y capatazes, crear tiendas de alimentación, escuelas, centros de salud, iglesia, etc. También promovió una fabrica de papel que aprovechaba la paja del arroz y hasta un molino arrocero. Beca se dio cuenta de que el arroz era el único futuro de la zona y que la única forma de prosperar era vendiendo progresivamente los terrenos a personas formadas en esa tierra y expertas en el cultivo del arroz, o sea, a los agricultores valencianos. Con la ayuda del Instituto de la Vivienda, se construyeron casas humildes para los agricultores a un precio de alquiler bastante asequible. Para la adquisición de las tierras también se dieron facilidades que beneficiaban a las dos partes, para Beca y compañía que por fin las tierras se promocionaran y para los agricultores una independencia económica y trabajar de una vez por su cuenta. Y pasaron los años y llegó, no sin esmero, la luz eléctrica, el agua potable y hasta el teléfono para poder llamar de vez en cuando a los parientes de Valencia.

No es de extrañar que muchos suecanos tengan arrozales en El Puntal además de en el Parque Natural de la Albufera. Tampoco que tengan parientes en Andalucía, de hecho, hay muchos que se quedaron definitivamente en aquellas tierras y sus hijos y nietos ya se sienten andaluces aunque con raices valencianas. Una mezcla cultural que, como suele pasar en estos casos, fusiona lo mejor de cada casa. Seguro que los andaluces de El Puntal sabrán cocinar la receta de la auténtica paella valenciana y los valencianos el mejor gazpacho andaluz. Un pasado no tan lejano que une dos tierras aparentemente diferentes, a dos pueblos que ni tan siquiera comparten la misma lengua pero que tienen un vínculo en común, la pasión por el cultivo del arroz.

Fuentes de documentación:

Quaderns de Sueca. Tomo XII. “El Puntal, un estudi d’antropologia social” de Xavier Llàcer Carbó. Blog de Pepe Hermano, hijo de colonos originales de Sueca. Página de Facebook “Fotos antigues de Sueca” y Arxiu historic de Sueca.

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